A LOS AMOS DEL CORTIJO
¡Oh, excelsos señores del cortijo! Dueños de la tierra, del aire y, si
pudieran, también del pensamiento. Qué admirable su talento para acumular
riqueza sin mover más músculo que el del dedo acusador que firma órdenes. Qué
divina su capacidad para convencernos de que su privilegio es, en realidad, un
favor que nos hacen.
Allí van, montados en sus caballos de ego, mirando por encima del hombro,
mientras sueltan migajas para que el pueblo, agradecido, aplauda su
generosidad. ¡Y qué generosos son! Tanto que permiten que trabajemos de sol a
sol y guardemos silencio para que ustedes sigan durmiendo a pierna suelta pidiendo
silencio
Gracias, amos del cortijo, por recordarnos cada día nuestro lugar. Sin
ustedes, ¿cómo sabríamos lo felices que somos con tan poco? Sin ustedes, ¿quién
nos enseñaría que la desigualdad es natural, casi divina?
Sigan tranquilos, porque mientras nos mantengan entretenidos con promesas,
siempre habrá quien defienda su derecho sagrado a mandar… aunque el cortijo se
caiga a pedazos. Si creen que no me dirijo a nadie se equivocan. están entre
nosotros
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