viernes, 27 de febrero de 2026
martes, 24 de febrero de 2026
SE LLEGÓ A DECIR:
Tenemos que cerrar la mina por un pájaro que ni hemos visto ni oído'

Foto: M. Álvarez
- La alcaldesa de Villablino reflexiona sobre la crisis del sector
- Acompañó a Herrera en la visita del presidente de la Junta a la UE
M. Á. Vergaz | Valladolid
Ana Luisa Durán Fraguas, diplomada en magisterio de 53 años, tiene una visión local de la problemática del sector del carbón como alcaldesa socialista de Villablino. Pero también posee una visión global, fruto de su experiencia como senadora en las dos pasadas legislaturas y del cargo ejercido como vicepresidenta de la Comisión de Industria.
El pasado abril, acompañó al presidente Juan Vicente Herrera en su entrevista con el comisario de Medio Ambiente de la UE, Janez Potocnik, en defensa de la minería a cielo abierto y espera su resolución sobre el mantenimiento de la mina de Laciana para la próxima semana. Sigue moviéndose. Durán mantuvo este miércoles una reunión con el consejero de Economía y Empleo, Tomas Villanueva.
domingo, 22 de febrero de 2026
RECORDANDO LOS HECHOS
En el Valle, la
historia no se medía por años, sino por sacudidas. Cada generación recordaba
los grandes acontecimientos como quien enumera cicatrices. El primero fue aquel
giro absurdo de la calle principal, torcida para dar cabida a la casa de un
técnico municipal que había llegado a Laciana
con la construcción de la presa de Las Rozas,
cuando todavía se creía que el progreso era siempre una bendición. “Que Dios
nos coja confesados”, murmuraban entonces los viejos, y no sin razón.
Después vinieron los años de las fiestas suspendidas.
Disputas pequeñas, casi ridículas, pero que se repetían con una precisión
sospechosa: siempre en los años terminados en cinco. Aquella manía dejó heridas
que nunca cerraron del todo. Aunque San Roque había sido durante siglos la
fiesta de Llamas, hacía ya tiempo que la
iglesia la había trasladado a la capital, como si también las devociones
emigraran buscando mejores luces.
Otros acontecimientos llegaron envueltos en la palabra
“democracia”. Cuando la empresa modelo anunció que se desprendería de los
economatos, se convocó una votación popular. El resultado fue un no rotundo,
claro como el agua del río en primavera. Pero, curiosamente, en fechas muy
próximas —quizá el mismo día— el líder sindical, que luego sería alcalde, firmó
la cesión de aquellos mismos economatos, como si el papel tuviera más peso que
las voces.
Y por último llegaron los llamados cielos abiertos,
que no trajeron luz sino despedidas. Fue el fin de la minería. Esta vez no hubo
votación, ni consulta, ni asamblea: solo el silencio espeso de los pozos
cerrados y el eco de un futuro que nadie había elegido.
sábado, 21 de febrero de 2026
SOMBRAS Y RESCOLDOS
Uno de los
pioneros de aquellas luchas en el grupo de Calderón era un caballista.
Manifestaba siempre el mismo sentimiento:
—Los que
suscriben acuerdos por debajo de la mesa son los que se proclaman luchadores, y
aún tienen el descaro de llamarte compañero.
Decía Ángel
que en la huelga del 64 era mentira que hubiera sido apaleado, y que las
detenciones no habían sido tales. Los veteranos mineros repetían que el
Guadiana escribiría su historia, ese era el nombre en clave de la moneda de
cambio en aquel acuerdo oculto.
Este capítulo
se cierra con más sombras que luces, pero quiero recordar algunos detalles de
sabor dulce, para equilibrar la memoria y rescatar la parte más humana de la
vida minera.
Era la hora de
salida del segundo relevo, las once de la noche, pleno invierno. En el exterior
trabajaban los embarcadores y los ayudantes, escogiendo carbón de los vagones
para alimentar la estufa que había junto al pozo. De vez en cuando acercaban a
ella sus guantes empapados, tratando de meter en calor las manos.
El lampistero
tenía encomendada la tarea de hacer cartuchos de arcilla, que usaban los
artilleros para atacar los barrenos. Una de aquellas noches frías, se acercó la
pareja de la Guardia Civil al calor de la estufa. Eran las diez y media, y
empezaban a salir los que habían terminado la faena. El lampistero ya tenía
preparada una buena partida de cartuchos de arcilla.
Al toque de
campana salió Manolo Liz, acompañado de su ayudante. Miró de reojo a la pareja
de la Guardia Civil, cogió dos cartuchos de arcilla y, con fuerza, los lanzó al
interior de la estufa.
Al ver el
gesto, los guardias, entre gritos de “¡fuera!”, salieron corriendo. Pedro, que
estaba con nosotros, exclamó entre risas:
—¡Cómo
pusieron pies en polvorosa… y eso que era solo arcilla!
Y así
terminaban aquellas noches frías: entre el cansancio, el humo del carbón y una
carcajada compartida que, por un momento, borraba la dureza del día.
miércoles, 18 de febrero de 2026
La década de los setenta
La década de los setenta
Los años pasaron como el humo del tren que subía al amanecer por el valle.
La mina seguía siendo la misma —oscura, dura, imprevisible—, pero nosotros ya
no lo éramos. Habíamos aprendido a reconocer los sonidos del peligro, las
grietas del techo, los silencios que anunciaban algo más que cansancio.
A la salida de la mina solo esbozabas una sonrisa cuando te encontrabas con
Celestino, un señor de bigote al que todos llamaban el picador de
bigote. Siempre contaba las mismas historias:
—¡Ay, rapaz! Recuerdo un año que Jueves Santo cayó en domingo.
O aquella otra:
—Un año se me derritió el reloj segando hierba.
Frases sin sentido, pero que te arrancaban una risa cansada y te aligeraban el
camino de vuelta a casa.
Sin embargo, el aire de los setenta traía otro peso. Era una década de
grandes luchas, de huelgas interminables, de reflexiones y preguntas sin
respuesta. Los mineros empezaban a estar bien organizados, y las protestas se
volvían cada vez más frecuentes. La huelga de los cuarenta y ocho días no fue
solo una lucha: fue una grieta. Y por esa grieta se filtraron verdades que
muchos preferían mantener enterradas bajo toneladas de carbón y silencio.
La fatiga era una sombra alargada en los rostros de los hombres. Ya no se
hablaba del futuro, sino de cuánto duraría el pan en la despensa, de cuándo
volvería a rodar la fiambrera por los raíles del pozo. Cuarenta y ocho días de
huelga, cada uno más largo que el anterior. El tiempo parecía detenido, como si
el mundo entero contuviera la respiración, esperando una señal.
Yo miraba alrededor y veía la desesperanza prendida en las chaquetas
sucias, en los dedos agrietados por el frío. Lo que empezó como un grito
colectivo se fue apagando en un murmullo de reproches, de dudas, de pequeñas
traiciones.
Y, aun así, algo dentro de mí se resistía a ceder. Quería creer que lo
vivido no había sido en vano. Que cada jornada sin salario, cada discusión,
cada mirada desconfiada formaban parte de una historia más grande. Una historia
que algún día alguien contaría.
Fue en esos días de reflexión cuando se acercó a mí Manolin el “Fornelo”,
amigo y compañero de lucha. Se inclinó hacia mi oído y susurró: Esto es un
acuerdo por debajo de la mesa
—El verdadero enemigo no siempre viste uniforme. A veces lleva tu mismo
mono de faena, se sienta a tu lado en las reuniones y te llama “compañero”.
Poco después llegaron las noticias desde el Bierzo. Las palabras de Daniel
Taladrizl dirigente comarcal de CC.OO aún me pesan:
—No es santo de mi devoción…
Aquel hombre, el que había compartido tanto conmigo, era ahora una sombra.
Me dolía aceptarlo. Pero más me dolía pensar que tal vez todo había sido una
farsa desde el principio. Que su lealtad tenía precio. Que su conciencia estaba
hipotecada.
Cuando lo enfrenté, su mirada esquivó la mía. Dijo lo justo, sin emoción,
sin culpa. Y desde ese día, el silencio creció entre nosotros como una mina
abandonada: oscura, peligrosa, llena de ecos del pasado.
Los años siguieron. Las condiciones mejoraron, lentamente, como quien cura
una herida que no cierra del todo. Nadie lo decía en voz alta, pero todos
sabíamos que había sido gracias a aquella huelga. Fue una victoria amarga,
conseguida al precio de una fractura sindical profunda.
martes, 17 de febrero de 2026
titulares de prensa
Los hosteleros de Laciana muestran su hartazgo con Leitariegos
Organizan una concentración para este sábado a las 12.30 horas en la estación
Diario de Leon
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