martes, 24 de febrero de 2026

SE LLEGÓ A DECIR:

 

Tenemos que cerrar la mina por un pájaro que ni hemos visto ni oído'

Foto: M. Álvarez

Foto: M. Álvarez

  • La alcaldesa de Villablino reflexiona sobre la crisis del sector
  • Acompañó a Herrera en la visita del presidente de la Junta a la UE

Ana Luisa Durán Fraguas, diplomada en magisterio de 53 años, tiene una visión local de la problemática del sector del carbón como alcaldesa socialista de Villablino. Pero también posee una visión global, fruto de su experiencia como senadora en las dos pasadas legislaturas y del cargo ejercido como vicepresidenta de la Comisión de Industria.

El pasado abril, acompañó al presidente Juan Vicente Herrera en su entrevista con el comisario de Medio Ambiente de la UE, Janez Potocnik, en defensa de la minería a cielo abierto y espera su resolución sobre el mantenimiento de la mina de Laciana para la próxima semana. Sigue moviéndose. Durán mantuvo este miércoles una reunión con el consejero de Economía y Empleo, Tomas Villanueva.

domingo, 22 de febrero de 2026

RECORDANDO LOS HECHOS

 


En el Valle, la historia no se medía por años, sino por sacudidas. Cada generación recordaba los grandes acontecimientos como quien enumera cicatrices. El primero fue aquel giro absurdo de la calle principal, torcida para dar cabida a la casa de un técnico municipal que había llegado a Laciana con la construcción de la presa de Las Rozas, cuando todavía se creía que el progreso era siempre una bendición. “Que Dios nos coja confesados”, murmuraban entonces los viejos, y no sin razón.

Después vinieron los años de las fiestas suspendidas. Disputas pequeñas, casi ridículas, pero que se repetían con una precisión sospechosa: siempre en los años terminados en cinco. Aquella manía dejó heridas que nunca cerraron del todo. Aunque San Roque había sido durante siglos la fiesta de Llamas, hacía ya tiempo que la iglesia la había trasladado a la capital, como si también las devociones emigraran buscando mejores luces.

Otros acontecimientos llegaron envueltos en la palabra “democracia”. Cuando la empresa modelo anunció que se desprendería de los economatos, se convocó una votación popular. El resultado fue un no rotundo, claro como el agua del río en primavera. Pero, curiosamente, en fechas muy próximas —quizá el mismo día— el líder sindical, que luego sería alcalde, firmó la cesión de aquellos mismos economatos, como si el papel tuviera más peso que las voces.

Y por último llegaron los llamados cielos abiertos, que no trajeron luz sino despedidas. Fue el fin de la minería. Esta vez no hubo votación, ni consulta, ni asamblea: solo el silencio espeso de los pozos cerrados y el eco de un futuro que nadie había elegido.

sábado, 21 de febrero de 2026

SOMBRAS Y RESCOLDOS

 



Uno de los pioneros de aquellas luchas en el grupo de Calderón era un caballista. Manifestaba siempre el mismo sentimiento:

—Los que suscriben acuerdos por debajo de la mesa son los que se proclaman luchadores, y aún tienen el descaro de llamarte compañero.

Decía Ángel que en la huelga del 64 era mentira que hubiera sido apaleado, y que las detenciones no habían sido tales. Los veteranos mineros repetían que el Guadiana escribiría su historia, ese era el nombre en clave de la moneda de cambio en aquel acuerdo oculto.

Este capítulo se cierra con más sombras que luces, pero quiero recordar algunos detalles de sabor dulce, para equilibrar la memoria y rescatar la parte más humana de la vida minera.

Era la hora de salida del segundo relevo, las once de la noche, pleno invierno. En el exterior trabajaban los embarcadores y los ayudantes, escogiendo carbón de los vagones para alimentar la estufa que había junto al pozo. De vez en cuando acercaban a ella sus guantes empapados, tratando de meter en calor las manos.

El lampistero tenía encomendada la tarea de hacer cartuchos de arcilla, que usaban los artilleros para atacar los barrenos. Una de aquellas noches frías, se acercó la pareja de la Guardia Civil al calor de la estufa. Eran las diez y media, y empezaban a salir los que habían terminado la faena. El lampistero ya tenía preparada una buena partida de cartuchos de arcilla.

Al toque de campana salió Manolo Liz, acompañado de su ayudante. Miró de reojo a la pareja de la Guardia Civil, cogió dos cartuchos de arcilla y, con fuerza, los lanzó al interior de la estufa.

Al ver el gesto, los guardias, entre gritos de “¡fuera!”, salieron corriendo. Pedro, que estaba con nosotros, exclamó entre risas:

—¡Cómo pusieron pies en polvorosa… y eso que era solo arcilla!

Y así terminaban aquellas noches frías: entre el cansancio, el humo del carbón y una carcajada compartida que, por un momento, borraba la dureza del día.

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

FELICITACION DE PARADORES


 

La década de los setenta

 

La década de los setenta

Los años pasaron como el humo del tren que subía al amanecer por el valle. La mina seguía siendo la misma —oscura, dura, imprevisible—, pero nosotros ya no lo éramos. Habíamos aprendido a reconocer los sonidos del peligro, las grietas del techo, los silencios que anunciaban algo más que cansancio.

A la salida de la mina solo esbozabas una sonrisa cuando te encontrabas con Celestino, un señor de bigote al que todos llamaban el picador de bigote. Siempre contaba las mismas historias:


—¡Ay, rapaz! Recuerdo un año que Jueves Santo cayó en domingo.
O aquella otra:


—Un año se me derritió el reloj segando hierba.


Frases sin sentido, pero que te arrancaban una risa cansada y te aligeraban el camino de vuelta a casa.

Sin embargo, el aire de los setenta traía otro peso. Era una década de grandes luchas, de huelgas interminables, de reflexiones y preguntas sin respuesta. Los mineros empezaban a estar bien organizados, y las protestas se volvían cada vez más frecuentes. La huelga de los cuarenta y ocho días no fue solo una lucha: fue una grieta. Y por esa grieta se filtraron verdades que muchos preferían mantener enterradas bajo toneladas de carbón y silencio.

La fatiga era una sombra alargada en los rostros de los hombres. Ya no se hablaba del futuro, sino de cuánto duraría el pan en la despensa, de cuándo volvería a rodar la fiambrera por los raíles del pozo. Cuarenta y ocho días de huelga, cada uno más largo que el anterior. El tiempo parecía detenido, como si el mundo entero contuviera la respiración, esperando una señal.

Yo miraba alrededor y veía la desesperanza prendida en las chaquetas sucias, en los dedos agrietados por el frío. Lo que empezó como un grito colectivo se fue apagando en un murmullo de reproches, de dudas, de pequeñas traiciones.

Y, aun así, algo dentro de mí se resistía a ceder. Quería creer que lo vivido no había sido en vano. Que cada jornada sin salario, cada discusión, cada mirada desconfiada formaban parte de una historia más grande. Una historia que algún día alguien contaría.

Fue en esos días de reflexión cuando se acercó a mí Manolin el “Fornelo”, amigo y compañero de lucha. Se inclinó hacia mi oído y susurró: Esto es un acuerdo por debajo de la mesa

—El verdadero enemigo no siempre viste uniforme. A veces lleva tu mismo mono de faena, se sienta a tu lado en las reuniones y te llama “compañero”.

Poco después llegaron las noticias desde el Bierzo. Las palabras de Daniel Taladrizl dirigente comarcal de CC.OO aún me pesan:


—No es santo de mi devoción…

Aquel hombre, el que había compartido tanto conmigo, era ahora una sombra. Me dolía aceptarlo. Pero más me dolía pensar que tal vez todo había sido una farsa desde el principio. Que su lealtad tenía precio. Que su conciencia estaba hipotecada.

Cuando lo enfrenté, su mirada esquivó la mía. Dijo lo justo, sin emoción, sin culpa. Y desde ese día, el silencio creció entre nosotros como una mina abandonada: oscura, peligrosa, llena de ecos del pasado.

Los años siguieron. Las condiciones mejoraron, lentamente, como quien cura una herida que no cierra del todo. Nadie lo decía en voz alta, pero todos sabíamos que había sido gracias a aquella huelga. Fue una victoria amarga, conseguida al precio de una fractura sindical profunda.

 

elecciones 15-03-2026

  El resultado electoral no tuvo en cuenta algunos detalles